El ex intendente de San Miguel planteó una profunda reforma del Estado bonaerense, cuestionó el funcionamiento de la Provincia y aseguró que muchas de sus facultades deberían quedar en manos de los gobiernos locales.
El ex intendente de San Miguel y ex senador provincial Joaquín De la Torre volvió a dejar definiciones de fuerte impacto político al proponer una profunda descentralización del Estado bonaerense y una mayor transferencia de facultades hacia los municipios.
Las declaraciones fueron realizadas durante una entrevista en el stream “Cómo Hacen Los Que Hacen”, donde analizó el funcionamiento de la provincia de Buenos Aires, el rol de los gobiernos locales y los desafíos de la gestión pública.
“¿Qué hay que hacer? Hay que romper el Estado provincial. Pero romperlo en serio. Y muchas de esas facultades descentralizarlas y dárselas a los municipios”, afirmó De la Torre, en una de las frases más resonantes de la entrevista.
El dirigente sostuvo que gran parte de los problemas estructurales de la provincia no lograron resolverse pese al paso de distintas administraciones. “En el conurbano, que es donde se decide el 70% de la elección de la provincia de Buenos Aires, todos consumen medios nacionales. ¿Cómo está la educación respecto de hace 20 años? Peor. ¿Cómo está la seguridad? Peor”, cuestionó.
En esa línea fue aún más allá al plantear una reorganización territorial de la provincia. “Yo sacaría a los municipios del conurbano de la provincia de Buenos Aires”, expresó, aunque sin profundizar sobre los alcances institucionales de esa propuesta.
Durante la entrevista también se refirió al vínculo entre el Estado y el sector privado. Allí reivindicó el principio de subsidiariedad como criterio para definir responsabilidades. “Aquello que puede hacer el privado, lo debe hacer el privado. Aquello que puede hacer un gobierno local lo debe hacer un gobierno local. Y recién al final del camino el Estado Nacional”, señaló.
De la Torre además recordó sus primeros años al frente del Municipio de San Miguel y reconoció las dificultades que atravesó al inicio de su gestión. “Yo el primer año y medio volví llorando muchas veces a mi casa pensando que no iba a poder lograr solucionar las cosas. Tenía claro cómo era, hacia dónde tenía que ir, pero el camino duro al principio es hacer cosas que no se ven y la gente no percibe”, relató.
Respecto de la actividad política, sostuvo que el compromiso con la función pública exige un alto nivel de dedicación personal. “Uno no tiene la obligación de hacer política. Ahora, si hace política, tiene que estar incómodo”, reflexionó.
Finalmente, dejó una definición al sostener que “hay que tener claro que la política tiene dos momentos. Uno es la convicción y recién el segundo es el diálogo. Pero primero uno tiene que estar convencido de las cosas. Qué es lo que quiero, hacia dónde voy, cuáles son mis ideas, qué voy a defender. El servicio al final trae alegrías”.