El club había logrado dejar atrás la quiebra y recuperar la normalidad institucional tras la llegada del grupo empresario Janos, pero en las últimas semanas comenzaron a surgir señales de desgaste interno, problemas económicos y tensiones dirigenciales que ya impactan en lo deportivo.
El Club Atlético San Miguel vuelve a atravesar un momento de incertidumbre institucional en un contexto donde los resultados deportivos tampoco acompañan. Luego de años marcados por la quiebra, la intervención judicial y el esfuerzo por recuperar estabilidad, en los últimos días comenzaron a crecer versiones sobre una posible licencia de Federico Almada a la presidencia de la institución.
Según trascendió tras una reunión de comisión directiva, Almada podría pedir una licencia de alrededor de 90 días, aunque todavía no existiría una confirmación oficial sobre plazos ni alcances de la decisión. Sin embargo, dentro del mundo San Miguel muchos interpretan este movimiento como el inicio de un posible alejamiento definitivo de quien encabezó el proceso de normalización institucional.
La situación genera preocupación porque Almada no solo ocupa el cargo de presidente, sino que además representa el vínculo principal con el sponsoreo e inversión privada que permitió al club salir de uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
Las nuevas tensiones
No obstante, la actualidad del club contrasta con el escenario que San Miguel vivía apenas algunos años atrás. Tras la quiebra y la intervención judicial, la institución logró encaminarse, entre otras cosas, gracias al ingreso de capitales privados vinculados a Janos, empresa que apostó fuerte al club y permitió levantar la quiebra, ordenar cuentas y dejar atrás la figura de la sindicatura que administraba la institución.
Con la normalización llegaron también las elecciones y el regreso de una conducción formal integrada tanto por representantes del grupo empresario como por dirigentes históricos de la vida política del club.
Federico Almada asumió la presidencia acompañado por nombres ligados a Janos y por dirigentes tradicionales como Hugo Reverdito y Fernando Insaurraga. Desde 2022 hasta buena parte de este año, el proceso parecía consolidarse institucionalmente, con crecimiento deportivo, obras y una estructura más estable. Pero en los últimos meses comenzaron a aparecer señales de desgaste.
Según distintas versiones que circulan alrededor del club, la situación económica ya no sería tan sólida como en los primeros años de gestión. Existen preocupaciones por obligaciones pendientes, deudas vinculadas a operativos policiales y compromisos económicos que empiezan a generar tensión.
A esto se le suma una supuesta división dirigencial entre sectores históricos del club y el espacio más vinculado a la inversión privada de Janos.
La preocupación principal pasa por saber qué ocurriría con el respaldo económico si Federico Almada termina alejándose definitivamente del club.
El impacto en lo deportivo
Todo este contexto comienza a sentirse también en el plano deportivo. San Miguel lleva cinco fechas sin ganar y empieza a mirar de cerca la zona baja de la tabla, algo que genera preocupación. Aunque puertas adentro aseguran que el grupo, el cuerpo técnico y los futbolistas mantienen una buena relación, también reconocen que existen dificultades cotidianas que terminan afectando el trabajo diario.
En ese marco, crece la preocupación sobre el futuro del entrenador Gustavo Coleoni y su cuerpo técnico, quienes, según trascendió, estarían desgastados por tener que resolver cuestiones organizativas y logísticas que exceden lo estrictamente futbolístico.
Entre ellas aparecen temas vinculados a concentraciones, planificación de viajes y situaciones operativas que normalmente deberían resolverse desde otras áreas del club.
Además, el episodio de vandalización sufrido recientemente por Coleoni también expuso el clima de tensión que rodea al equipo, más allá del repudio institucional emitido desde San Miguel.