San Miguel descendió y la crisis institucional quedó en el centro de la escena

La caída deportiva llega después de meses de dificultades económicas, cuestionamientos a la dirigencia y un plantel que perdió jerarquía, mientras los hinchas mantuvieron su acompañamiento fiel desde las tribunas.

San Miguel perdió la categoría y jugará en la Primera B Metropolitana en 2027. El empate 0-0 frente a Defensores de Belgrano, por la penúltima fecha de la Primera Nacional, terminó con las últimas posibilidades matemáticas de permanencia y confirmó el descenso de un equipo que había regresado a la segunda división con la expectativa de consolidarse y seguir creciendo.

Pero el resultado en el Bajo Núñez no explica por sí solo el desenlace. Detrás de la caída deportiva se acumularon dificultades económicas, interrogantes sobre el manejo institucional y un deterioro futbolístico que se profundizó durante la temporada.

 

Inversiones diezmadas

 

Durante 2025, San Miguel apostó fuerte en el mercado de pases. La llegada de jugadores con experiencia en Primera División y la contratación de Sebastián Battaglia como entrenador alimentaron la expectativa de pelear por objetivos importantes. La ilusión del ascenso a la Primera División era palpable. Sin embargo, aquella inversión no se tradujo en los resultados esperados y el proyecto perdió impulso.

En los últimos meses comenzaron a trascender dificultades financieras, compromisos económicos pendientes y demoras en el pago de salarios. El primer gran portazo fue el del Sapito Coleni, entrenador que lo llevó a ascender en 2023. Dejó la institución luego de algunas idas y venidas con la Comisión Directiva.

A medida que avanzó el campeonato, el equipo fue perdiendo respuestas futbolísticas. La sucesión de entrenadores y la falta de resultados profundizaron la crisis, mientras el plantel llegó al tramo decisivo con menos alternativas y una mayor presencia de juveniles. El equipo que había generado expectativas por sus nombres terminó devaluado desde lo deportivo y sin la capacidad de reacción necesaria para sostenerse en la categoría.

La racha final tremenda terminó de condenarlo: San Miguel acumuló once partidos sin ganar y llegó a la definición obligado a conseguir victorias que nunca llegaron.

 

Federico Almada, bajo cuestionamiento

 

El presidente del club, Federico Almada, también quedó en el centro de las miradas. En mayo de este año circularon versiones sobre una posible licencia de alrededor de 90 días, en medio de tensiones dirigenciales y preocupaciones por la situación económica. En aquel momento no había una confirmación oficial sobre los alcances de una eventual decisión.

Con el correr de los partidos, el malestar de los hinchas se hizo cada vez más visible. En las últimas presentaciones como local, las derrotas y el bajo rendimiento del equipo estuvieron acompañados por insultos y reclamos dirigidos a la conducción de la institución.

La situación plantea además un interrogante sobre el futuro del proyecto económico que sostuvo al club en los últimos años. La reconstrucción institucional, el levantamiento de dificultades anteriores y las inversiones realizadas habían generado expectativas de estabilidad. El descenso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de revisar las decisiones deportivas y financieras.

Por ello, el descenso obliga ahora a abrir una nueva etapa. Después de haber apostado a un proyecto ambicioso, el Trueno Verde vuelve a la B Metropolitana con más preguntas que certezas y con la obligación de encontrar un rumbo que le permita volver a pelear por el ascenso.

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