El mejor juego bonito estuvo fuera de la cancha

La imagen que nos regalaron estos dos monstros al final del encuentro puso en segundo plano al partido, a las críticas contra el 10 argentino y contra el exitismo que pregonan en los medios.

Habían pasado parte de los festejos inmediatos tras la consagración de la albiceleste luego de casi tres décadas de penurias y gritos ahogados por el destino. La televisión seguía los pasos de Messi cuando vio a su amigo Neymar sentado hablando con otro jugador del scratch. Ambos se pusieron a conversar, reían, comentarían el partido, se felicitarían y consolarían. En ese encuentro, en el que ambos estaban en cuero, sentados en un escalón, les faltaba una gaseosa o cerveza, así como en el potrero un sábado o un domingo a la tarde cuando se va el sol. Eran dos pibes que tras chivar estaban “hablando pavadas” como hacen los verdaderos amigos.

Esa imagen le sacó todo el dramatismo a la derrota brasileña (por lo menos para nosotros), terminó con lo “trágico” de perder una final en casa y contra el máximo rival. Del mismo modo, nos hizo poner los pies sobre la tierra y darnos cuenta que si bien el triunfo fue fantástico y era necesario, el fútbol no deja de ser un juego de 11 contra 11 que se divierten en una cancha.
Los éxitos deportivos de Lionel Messi en el Barcelona son intachables, increíbles y hasta insuperables. Pero las luces de sus triunfos fueron las que nublaron la vista de muchos, de millones y, sobre todo, de líderes de opinión, de conductores y periodistas que exigían a una sola persona que haga “lo que hace allá”. A pesar de los contextos distintos entre un club y una selección, la crítica se ensañaba con él y era un deporte nacional hacer leña del árbol caído.

Pero esa charla de estos dos grandes que compartieron equipo en el Barcelona, puso de manifiesto que el éxito también hay que demostrarlo fuera de la cancha. Y no solo eso, Messi, en un gesto que no recuerdo en otros casos, pidió no cargar a Brasil tras el pitazo final, lo que marca un liderazgo del 10 producto de sus años de experiencia. Eso también es jogo bonito.

Ahora se acallarán esas voces que le pedían una medalla con la selección nacional en su palmar. Aunque quedarán aquellos que dirán que Maradona nos dio un mundial. En fin, Argentina, “un país con buena gente” donde hay más directores técnicos mala leche que población.

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