El INTA exoneró a una investigadora que estudió durante más de 20 años los efectos de los plaguicidas

Virginia Aparicio, especialista en contaminación ambiental, denunció restricciones para difundir los resultados de una investigación internacional que detectó mezclas de plaguicidas en muestras biológicas de participantes argentinos. La medida del organismo generó cuestionamientos y denuncias de persecución y censura por parte de sectores de la comunidad científica y gremial.

Virginia Aparicio dedicó más de dos décadas de su carrera científica a investigar los efectos de los plaguicidas en el ambiente y en la salud humana. Sus estudios abarcaron la presencia de estas sustancias en el agua, el suelo y los organismos. Sin embargo, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) resolvió exonerarla tras un sumario administrativo, una decisión que despertó fuertes cuestionamientos.

La investigadora coordinó en Argentina el proyecto internacional SPRINT, una iniciativa destinada a estudiar el impacto de los productos fitosanitarios y la exposición a sus mezclas. En el marco de ese trabajo, se detectaron combinaciones de plaguicidas en muestras de sangre, orina y materia fecal de participantes argentinos.

Según denunció Aparicio, el organismo le impidió difundir los resultados del estudio y suspendió una reunión prevista para comunicar la información a las personas que habían participado de la investigación. En 2023, el INTA se retiró del proyecto internacional.

Cuestionamientos y denuncias de censura

La exoneración de la científica generó preocupación entre integrantes de la comunidad científica, que consideran infundadas las acusaciones incluidas en el sumario administrativo y advierten sobre un posible trasfondo político en la decisión.

En la misma línea, la Asociación del Personal del INTA denunció una situación de «persecución, censura y silenciamiento», y cuestionó las consecuencias de impedir que los resultados de una investigación científica lleguen a la sociedad.

El caso vuelve a poner en discusión la autonomía de los investigadores, la libertad para comunicar resultados científicos y el papel de los organismos públicos en la producción y difusión de conocimientos vinculados con la salud y el ambiente.

El derecho de la sociedad a conocer los resultados

La información sobre la presencia de plaguicidas en el ambiente y en el organismo humano constituye una herramienta fundamental para que las comunidades puedan conocer los posibles riesgos a los que están expuestas, reclamar controles y exigir políticas públicas de prevención y protección ambiental.

Impedir o limitar la difusión de investigaciones de interés público puede obstaculizar el acceso a información necesaria para el debate social y la toma de decisiones. Conocer qué sustancias están presentes en el agua que consumimos, en los suelos que producen nuestros alimentos y en el ambiente que habitamos resulta esencial para evaluar riesgos y promover medidas de protección.

El caso de Virginia Aparicio plantea, así, un interrogante que trasciende su situación laboral: ¿qué ocurre cuando una investigación científica no puede comunicar sus resultados a la ciudadanía?

La ciencia necesita condiciones para investigar con independencia, mientras que la sociedad tiene derecho a acceder a información relevante sobre su salud y el ambiente. Garantizar ambas cuestiones es fundamental para fortalecer la transparencia, la confianza pública y el control democrático de las políticas ambientales.

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