Tras el escándalo ocurrido sobre “Bandido”, el yate de lujo con quien paseaba por Marbella, el oriundo de Lomas de Zamora habría liquidado su carrera política en un país normal. Por eso nos preguntamos… ¿Cuándo retorna como el Ave Fenix?
Sigue dando tela que cortar el caso del escándalo de Martín Insaurralde con una modelo de poca monta en una embarcación de lujo por las costas de una ciudad española, cuando la mujer en cuestión publicó y arrobó en sus redes sociales al hoy ex Jefe de Gabinete del gobernador bonaerense Axel Kicillof con fotos y videos de momentos íntimos y de costosos regalos que él le habría hecho.
El cuestionamiento no es por una “vacación corta” sino por la ostentación, el lujo, y la imposibilidad –de momento- de no poder justificar semejante gasto con un sueldo de funcionario público, en un contexto de altísima pobreza en el país, de inflación descontrolada y en plena campaña electoral.
Como era de esperar, desde el espacio político al que pertenece le pidieron la renuncia a sus funciones en la provincia de Buenos Aires y, luego, Sergio Massa y Kicillof, le pidieron que baje su candidatura en Lomas de Zamora. Ante esta situación, Insaurralde renunció rápidamente. “Como no quiero que se me utilice para afectar al espacio político en el proceso electoral, presenté hoy mi renuncia al cargo de Jefe de Gabinete de la Provincia”, decía el breve texto enviado por su equipo de prensa para comunicar la salida del funcionario; escrito que en ningún momento ofrece disculpas por la falta de empatía con un pueblo hambreado por políticas nefastas de este y otros gobiernos que destruyeron al país desde todas las aristas posibles.
Lo positivo es que reconoció el error y presentó la renuncia. Porque esto, aunque no lo quiera, afecta y mucho a Unión por la Patria y su principal candidato, Sergio Massa, que sale a despegarse del lomense. A veces no hay peor cuña que la del mismo palo, porque el daño que puede hacer este “desliz” de Insaurralde puede ser clave en las aspiraciones electoralistas del oficialismo. El enemigo interno, en muchos casos, suele ser más destructivo que el externo, llámese este Milei o Bullrich.
Al día de hoy podríamos decir que una persona que está en política y tiene este tipo de comportamientos que luego lo hacen renunciar, tendría su carrera política acabada en un país normal, pero, como estamos en Argentina, es probable que más temprano que tarde se lave las manchas y culpe a otro por sus desgracias y que retorne como el Ave Fénix y, por qué no, que tal vez sea presidente de la Nación cuando el pueblo lo disponga.