Llama poderosamente la atención que los referentes sindicales aún no se hayan pronunciado con acciones en la calle, luego de una marcada caída de la economía de bolsillo de los trabajadores a los que tienen que defender.
“Quien calla, otorga”, dice el refrán. Y eso, pareciera, es lo que está sucediendo con las instituciones gremiales. Sí, esas entidades de la sociedad que se organizaron con un claro objetivo que es la defensa del trabajador al que representan. Quien no se opone a algo y se mantiene callado, da a entender que aprueba lo que se ha propuesto; es decir, que mantenerse en silencio puede equivaler a una aprobación, a un consentimiento.
Enero del 2024, la inflación superó el 25 por ciento, un valor que dejó muy por debajo ese indicador de la Era de Alberto Fernández, cuando con Sergio Massa le daban a la maquina de hacer billetes para despilfarrar en una campaña electoral que les terminó saliendo mal. Ahora son épocas de motosierras, guillotinas, de reducción de la inflación, pero sin que desaparezca, de salarios que quedaron muy pero muy atrasados, con pérdida de derechos y la lista puede seguir.
Pero, ¿por qué se otorga tanto? Y, ante la falta de interlocutores (llámese secretarios generales de los sindicatos más importante del país) que clarifiquen la postura de sus gremios ante el avance del deterioro del poder adquisitivo de sus representados, la libre interpretación no hace más que llevarnos a tener que pensar mal de estos dirigentes que, en algunos casos, llevan décadas atornillados a sus cargos.
¿Es de mala leche pensar que las cabezas de los sindicatos llegaron a un “acuerdo” con el gobierno nacional para no emitir mensajes opositores y mucho menos hacer manifestaciones a la calle? Estamos en pleno febrero y es inevitable preguntarse dónde esta Roberto Baradel que es quien debe llevar la voz de una parte de los docentes en negociaciones paritarias. Es muy sencilla la respuesta: si no está de vacaciones en Brasil, como siempre suelen delatarlo en imágenes filtradas, entonces está bien calladito. Y eso es raro porque a él le vemos la cara una vez al año cuando ya sabemos que amenaza con no comenzar el ciclo lectivo si no le dan el porcentaje de aumento que pide su gremio. ¿Dónde está Baradel? Pero la misma pregunta le cabe a Antonio Caló, Gerardo Martínez, Víctor Santa María, Sergio Palazzo o a los Moyano, entre otros.
En 2016, cuando Mauricio Macri llevaba unos meses de presidente, la actitud de los sindicatos camino por rieles similares. María Eugenia Vidal en la provincia tuvo su choque con Baradel pero desactivó la bomba cuando parecía que el acercamiento entre ambos era imposible. La diferencia con el gobierno de Cambiemos estuvo en la calle, donde las organizaciones sociales hicieron de las suyas a troche y moche con reclamos, piquetes y cortes todos los días. Eso hoy no sucede. También habrá que preguntarse porque las organizaciones sociales perdieron la calle, esa de la que tan orgullosos estaban de “poseer”.
En fin, la representación que dicen los sindicalistas hacer de los trabajadores que nuclean, últimamente, está dejando mucho que desear. No defender a los trabajadores en estos tiempos de pérdida del poder adquisitivo, de pérdida de derechos, y de atraso de salarios es simplemente por un desempeño paupérrimo de las cabezas sindicales que buscan acomodarse de la mejor manera a una situación diferente.