40 años de democracia: Entre luces y sombras

Cumplimos cuatro décadas de convivencia democrática. Proponemos una mirada bajo los índices económicos y los vaivenes políticos que aún hoy nos tienen en deuda, un punteo que pretende refrescar la memoria para saber que no parece que fue mucho, pero para nada poco. Sin embargo, pesa sobre nosotros la obligación de cuidar este estilo de vida que, hasta el momento, es el único que busca la igualdad ciudadana.

Hoy ya es historia. Fue un 30 de octubre, del año 1983 cuando se concretaron las elecciones. Casi con el mismo formato con el que asistimos en octubre y noviembre pasado. En aquella Alfonsín, líder de la U.C.R. (Unión Cívica Radical), resultó electo Presidente de la Nación con el 52% de los votos contra el candidato peronista Italo Luder que obtuvo el 40%.

El primer gobierno post Proceso de Reorganización Nacional (la última dictadura militar) estuvo permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas, lo que llevó a Alfonsín a negociar una tregua (leyes de Obediencia Debida y Punto Final). También estuvo jaqueado por los sindicatos peronistas que no le dieron respiro y por los graves problemas económicos que se expresaron en una tasa de inflación de 343% para el año 1988 y el estallido de un proceso hiperinflacionario a partir de febrero de 1989 superior al 3000% anual, configurando un duro golpe económico a la naciente vida democrática.

Así se llegó a las elecciones presidenciales del 14 de mayo de 1989, triunfando el candidato opositor, el peronista Carlos Menem, con un 51% de los votos.
Carlos Saúl Menem gobernó Argentina entre 1989 y 1999. Recibió el gobierno el 8 de julio de 1989, tomando el control de un país descontrolado que atravesaba una grave crisis económica, durante su primer mandato se concentró en estabilizar la situación inflacionaria del país, para lo que sancionó la Ley de Convertibilidad, impulsada por su ministro de economía Domingo Cavallo.

En 1995, luego de la reforma constitucional de 1994, se impuso nuevamente en elecciones presidenciales venciendo por 20 puntos porcentuales. Su segundo gobierno (1995-1999) estuvo caracterizado por el aumento de los indicadores negativos, como el desempleo, la pobreza y el trabajo precario no registrado. Además la deuda externa aumentó en casi 82.000 millones de dólares. Indicadores económicos que repercutieron en lo político girando el electorado a preferir a los candidatos de la oposición de entonces.
De las filas de la Alianza salió la fórmula Fernando de la Rúa- Chacho Álvarez, ganadora de la elección presidencial celebrada el 24 de octubre de 1999 con el 48.5 % de los votos, y una ventaja de 10.5 % sobre el oficialista Eduardo Duhalde.

Efecto del año 2000.
Con las computadoras, a pesar de los vaticinios, no ocurrió casi nada con el cambio de milenio, alguna que otra actualización de software y nada más. Sin embargo, al país le pegó fuerte el cambio. La situación era muy delicada: una desocupación que ya superaba holgadamente el 15 %, inseguridad en las calles, desconfianza de parte de los mercados financieros internacionales y una voluminosa deuda externa.
A partir de febrero de 2001 grandes flujos de fondos empezaron a abandonar el país. En una sorprendente decisión, el gobierno nombró como Ministro de Economía a Domingo Cavallo, hasta entonces identificado por la opinión pública como un símbolo del gobierno de Menem.
El 1 de diciembre de 2001, Cavallo toma la decisión de imponer el corralito. Luego sobrevendrían la crisis de los saqueos y la renuncia del gobierno aliancista con la triste imagen del helicóptero despegando de la terraza de la Casa Rosada llevándose el Presidente.

Tras la salida de De la Rúa, asume la presidencia de la Nación en forma interina el presidente provisional del Senado, Ramón Puerta. El día 23 de diciembre se reúne la Asamblea Legislativa, que nombra como presidente provisional de la Nación al hasta entonces gobernador de la provincia de San Luis por el Partido Justicialista, Adolfo Rodríguez Saá, quien declara el default y renunciaría poco después.
Asume la presidencia en forma interina quien ocupaba el cargo de presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño. El Partido Justicialista propone a Eduardo Duhalde como presidente provisional. Fue un segundo golpe económico, difícil saber si tan o más grave que el de 1989, con contextos similares pero, a la vez distintos…

Vuelve el PJ
El 27 de abril de 2003 se realizó la primera vuelta de elecciones para elegir presidente. Carlos Menem, el candidato triunfante por mayoría relativa en la primera vuelta, no se presentó a la segunda vuelta y por lo tanto resultó elegido Néstor Kirchner, quien asumió su mandato el 25 de mayo de 2003. Kirchner llevó adelante una fuerte política de intervención estatal en la economía y realizó una activa promoción de los Derechos Humanos.

Durante su gestión, la economía registró años consecutivos de crecimiento a tasas chinas, lo cual se tradujo en una sensible mejora de los indicadores sociales. Según el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto (PIB) en 2003 era de 127 mil millones de dólares y en 2007 cuando Néstor abandonó el ejecutivo el PIB fue de 287 mil millones de dólares.
Pero, la inversión acelerada, el optimismo por la velocidad del aumento de las tasas de empleo, y la recuperación de los salarios reales se acompañaba de una alta cifra de informalidad del trabajo asalariado registrando el 30,3 % en 2007 tan solo en el Gran Buenos Aires. Para ese entonces, la segunda tasa de informalidad más alta en Argentina desde el regreso de la democracia.
El 10 de diciembre de 2007 asumió la presidencia Cristina Fernández, que en los primeros días de su mandato continuó los lineamientos generales del gobierno de su esposo. Durante el primer mandato de Cristina (2007-2011), las ‘commodities’ siguieron jugando un papel fundamental.
La soja, que se constituyó en el principal cultivo de Argentina, alcanzó en la temporada 2009-2010 una cosecha récord de 52 millones de toneladas, superada luego por la cosecha del ciclo 2014-2015, que presentó una producción de 61,4 millones de toneladas. El sector agropecuario y cultivos menores, como el arroz y la cebada crecieron sostenidamente durante los dos mandatos de Cristina.
Sin embargo, el PIB de Argentina empezó a resentirse durante el segundo periodo de Cristina Fernández (2011-2015) y la economía fue dando saltos y caídas. El PIB creció en 2013 (2,4%) y 2015 (2,7%), pero cayó en 2012 (-1%) y 2014 (-2,5%).
A su vez, una batalla encarnizada entre Cristina y las corporaciones mediáticas, y la extraña muerte del fiscal Alberto Nisman, quien la investigaba por su presunto encubrimiento del caso iraní en el atentado terrorista a la central judía de la AMIA en Buenos Aires en 1994, hicieron que Cristina Fernández de Kirchner tuviera una imagen pública fluctuante y que los argentinos se decidieran en 2015 por votar en las presidenciales por primera vez en contra del kirchnerismo.

En la próxima, a la derecha….
El Gobierno de Cambiemos, encabezado por el empresario Mauricio Macri (2015-2019) interrumpió la «era Kirchner» en el poder Ejecutivo. No obstante, sirvió como una reoxigenación del kirchnerismo encabezado por Cristina Fernández desde una oposición férrea a las políticas neoliberales del oficialismo, especialmente al millonario préstamo solicitado al Fondo Monetario Internacional (FMI) para rescatar una economía argentina que se hundía en la inflación.
De los cuatro años del mandato de Macri, tres fueron recesivos y solo en 2017 hubo un crecimiento del 2,8 %. El líder de Juntos por el Cambio, una coalición de centroderecha, registró altos niveles de inflación (53,8% al dejar el gobierno, según el Indec).
Argentina atravesó un año de recesión con alta inflación en 2016. Las políticas económicas, laborales, sociales y de derechos humanos del gobierno de Macri tuvieron como respuesta un ciclo de protesta que se abrió en marzo de ese año. Los organismos de derechos humanos tuvieron un fuerte protagonismo.
Fueron momentos de movilizaciones impactantes (como las que se convocaron para el día de San Cayetano, patrono del trabajo) e importantes como las de los docentes, tanto en 2016 como en 2017; la movilización universitaria, la protesta de científicos que llegó a tomar por cinco días el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y numerosas protestas contra el cierre de empresas y la pérdida de fuentes de trabajo. En el interior del país hubo grandes movilizaciones con menor repercusión en los grandes medios, en reclamo por crisis de economías regionales, demandas ambientales y movilizaciones indígenas.

Volviendo al centro
Entonces, desde los dos últimos años de la gestión de Mauricio Macri, la situación económica en Argentina solo fue empeorado, a pesar del regreso de una nueva versión del kirchnerismo al poder con Cristina Fernández como fórmula vicepresidencial de Alberto Fernández (2019 – 2023).
El gobierno de Alberto Fernández apenas pudo acomodarse dándole un tinte progresista a la administración –como elevando nuevamente a Ministerio a la cartera de Salud- que lo llevó por delante la pandemia del COVID-19, que gracias a esos «pequeños» cambios administrativos el Estado pudo dar cierta respuesta a toda la ciudadanía (la vacunación con al menos una dosis alcanzó al 91,77% de la población). Esto más el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia junto con una de las peores sequías de la historia, configuraron un tremendo golpe económico al país.

Luego de las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que ganó Fernández (Frente de Todos) y el posterior salto del dólar, el FMI decidió suspender los últimos desembolsos, por lo que la Argentina recibió poco más de US$ 44 mil millones, cerca de un 78% del monto total del acuerdo. Pese a esos recortes, el acuerdo de 2018 fue el más alto en la historia de los préstamos acordados entre el FMI y un Estado.
Así y todo, el mismo día en el que el Gobierno realizó el pago de capital de 1.892 millones de dólares correspondiente al vencimiento de diciembre de 2021, el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió su informe Ex Post Evaluation (EPE) en el que –muy suelto de cuerpo- reconoció el fracaso del préstamo a la gestión del ex presidente Mauricio Macri que permitió una importante fuga de capitales.
Argentina está acostumbrada a liderazgos fuertes y a mandatarios que son, al mismo tiempo, líderes de sus propias fuerzas políticas. Este no fue el caso de Fernández, presidente de una coalición que tenía como jefa a Cristina Fernández y en la que se incluían también otros liderazgos, como el de Sergio Massa.
Golpeado por la situación económica, esas pujas internas y las denuncias de corrupción, llevaron a la irrupción de una tercera fuerza política que dividió aún más al país en las Primarias y logró el triunfo en la general. Ya no se trata de la centroderecha liderada por Macri. El presidente electo, Javier Milei, representa el sector más derechista que jamás haya llegado al poder en nuestro país, por lo que existe una enorme expectativa en el sector que lo llevó –en dos años- a la primera magistratura, y una gran desilusión en casi la mitad de los votantes.
El brusco cambio de signo político o ideológico se corresponde con el vaivén al que nos quiere acostumbrar la vida democrática que ya lleva 40 años. Todo hace suponer que dejamos atrás los golpes de Estado y deberíamos aprender a evitar los golpes económicos que –siempre- se lleva puesto a los que menos tienen. Nuestra convivencia aún es joven y nos queda por aprender. Que sea, siempre, en esta misma senda democrática. ©ALN

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