El 31,5% anual de 2025 es el mejor registro desde 2017 y el Gobierno lo presenta como un éxito de su plan económico. Sin embargo, Argentina sigue entre los países con mayor inflación del mundo. En enero, además, cambia la forma de medir el índice.
El gobierno de Javier Milei arrancó 2026 con un dato que necesitaba mostrar: la inflación anual de 2025 cerró en 31,5%, el registro más bajo desde 2017 y una caída drástica frente al 117,8% de 2024. El oficialismo lo celebra como una prueba contundente de que el ajuste fiscal y monetario logró quebrar la inercia inflacionaria crónica de la Argentina.
Sin embargo, hay que aclarar que diciembre marcó un 2,8% mensual y encadenó el séptimo mes consecutivo de subas: 1,6% en junio; 1,9% en julio y agosto; 2,1% en septiembre; 2,3% en octubre y 2,5% en noviembre. La tendencia descendente que se había consolidado a mediados de 2024 dio paso, en la segunda mitad de 2025, a una meseta con leve aceleración.
Según el Indec, el 31,5% es el IPC anual más bajo desde la gestión de Mauricio Macri, cuando en 2017 la inflación fue del 24,8%. Aun así, en el plano internacional la Argentina continúa en el podio incómodo: el Fondo Monetario Internacional la ubicó en el sexto lugar del ranking mundial de inflación para 2025, por encima solo de Irán, Sudán, Zimbabue, Sudán del Sur y Venezuela.
Para Milei, el dato funciona como validación política y técnica del rumbo económico iniciado en diciembre de 2023: fuerte recorte del gasto, licuación de subsidios, fortalecimiento del peso y una política monetaria contractiva que tuvo como contracara una caída del consumo. Tras la devaluación que siguió al final del gobierno de Alberto Fernández, los precios habían alcanzado picos históricos a comienzos de 2024. Desde entonces, el proceso desinflacionario fue real, aunque apoyado en una demanda interna debilitada.
Cabe destacar que el comportamiento de los precios en 2025 fue dispar. “Educación” lideró las subas con un 52,3%, seguida por “restaurantes y hoteles” (42,2%) y por “vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” (41,6%), impulsados por el descongelamiento de tarifas y la desregulación de precios. En el extremo opuesto, “prendas de vestir y calzado” subieron apenas 15,3% y “equipamiento y mantenimiento del hogar” 19,3%.
No obstante, las proyecciones para 2026 son más optimistas. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central prevé una inflación anual del 20,1% y un 2,3% en enero. Sin embargo, ese primer mes del año llegará con una novedad clave: el cambio en la forma de medir la inflación.
Desde enero, el Indec aplicará una nueva metodología del IPC, con una canasta y ponderaciones actualizadas según los hábitos reales de consumo. “Vivienda, electricidad, gas y otros servicios” pasará de pesar 9,4% a 14,5%; “transporte” subirá de 11% a 14,3%; y “comunicaciones” casi duplicará su incidencia, de 2,8% a 5,1%. En contrapartida, “alimentos y bebidas no alcohólicas” bajarán de 26,9% a 22,7%, y “prendas de vestir y calzado” de 9,9% a 6,8%.
El nuevo IPC se construirá sobre la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2017/2018, con ajustes para consumos más recientes. En el Indec aseguran que no habrá saltos bruscos, aunque sí una medición más precisa de rubros hasta ahora subrepresentados. De hecho, simulaciones privadas indican que con la nueva metodología la inflación de diciembre habría sido 2,9% en lugar de 2,8%, y el acumulado anual 32,2%, apenas 0,7 puntos por encima del dato oficial.