Con la mira puesta en 2026, el gobernador profundiza su ruptura con La Cámpora, busca conquistar la conducción del peronismo provincial y proyecta el Movimiento Derecho al Futuro como plataforma nacional.
El cónclave que encabezó el gobernador Axel Kicillof en Villa Gesell con su núcleo político más cercano fue la señal de largada de una hoja de ruta ambiciosa: conquistar el Partido Justicialista bonaerense, hoy en manos de Máximo Kirchner, y expandir su propio espacio, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), como columna vertebral de un frente federal anti Milei.
Lo ocurrido en los comicios del 2025 fue un sacudón importante para el peronismo. En ese revuelto, Kicillof emergió como el único gran líder territorial del peronismo que sobrevivió al naufragio que llevó a Javier Milei a la Casa Rosada. Desde entonces, la tensión interna no hizo más que crecer.
En ese escenario, Kicillof busca avanzar. Sabe que la única salida es ganar terreno político, acumular poder real y convertirse en referencia indiscutida para dirigentes, militantes y electores. Y la primera prueba la va a tener el 15 de marzo, fecha fijada para la renovación de autoridades del PJ bonaerense.
Máximo Kirchner busca retener el control del partido a través de intendentes que aún le responden. Kicillof, en cambio, ya transmitió a su entorno que la próxima conducción debe estar alineada con la gestión provincial. No quiere volver a vivir una situación en la que el peronismo de su propia provincia le juegue en contra, como ocurrió con el presupuesto, el endeudamiento o el debate por el desdoblamiento electoral.
En su entorno mencionan a la vicegobernadora Verónica Magario como candidata natural para presidir el PJ provincial, aunque también aparecen nombres como el de Julio Alak. “Es indispensable que el partido acompañe al gobierno”, repiten cerca del mandatario.
Superada esa instancia, llegará la segunda fase del plan: la expansión nacional del MDF. La estrategia es instalar “franquicias” del espacio en las provincias, construir referencias locales y proyectar a Kicillof como eje de una alternativa política que polarice con Milei y prepare el terreno para una candidatura presidencial en 2027.
A fines del año pasado, Kicillof desembarcó en Formosa, donde Gildo Insfrán lo recibió como “huésped de honor”. Además, articula con otros gobernadores de Unión por la Patria, como Gustavo Melella, Ricardo Quintela, Sergio Ziliotto y Elías Suárez, quienes lo reconocen con proyección nacional.
No obstante, las bajadas al territorio serán precisas. En el MDF saben que una visita mal preparada puede generar tensiones internas y volverse contraproducente. Por eso, antes de cada movimiento, buscan consolidar una referencia firme que ordene el escenario local.
El peronismo atraviesa una etapa de redefinición profunda. En ese proceso, Kicillof apuesta a dejar atrás la tutela del kirchnerismo y construir una nueva centralidad política. Por eso el 2026 aparece como el año decisivo para saber si el gobernador logra transformar su liderazgo provincial en un proyecto nacional.