Que el caso Sheila no quede en la nada

Una vez más un femicidio se vuelve noticia nacional y pone al descubierto la violencia de género. Pero el caso de la nena de San Miguel asesinada desnuda...

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Una vez más un femicidio se vuelve noticia nacional y pone al descubierto la violencia de género. Pero el caso de la nena de San Miguel asesinada desnuda una situación social que atraviesan muchos menores en todo el país.

Ninguna muerte a mano de otra persona tiene justificación; menos aún cuando se trata de la aparición sin vida de un menor con signos de haber sido asesinado. El caso Sheila, la niña que conmocionó al país por la aberración que hicieron con su persona,
no debería quedar en un caso más de muerte sin sentido, pero con el tiempo parece que así va a ser.
Sheila fue solo una niña de las tantas que existen… porque hay muchas como ella que nacieron y crecieron en un medio ambiente pesado, en un contexto social totalmente viciado por la situación socioeconómica de sus padres, con la compañía de personas (y familiares) que tienen desordenes psíquicos importantes y potencialmente peligrosos, con escasos recursos económicos, educativos y morales.
Ella, como tantas otras, estuvo en el seno de una familia disfuncional, donde reinaban las malas condiciones de vida, donde hasta se supo que alguna vez hubo venta de drogas.
En un contexto tan desfavorable, otro actor que estuvo ausente fue el Estado, pero el Estado en su conjunto. Es evidente que ninguno de los resortes de contención que tienen que propinar los estados no fueron suficientes o directamente pasaron de largo y no llegaron a contemplar que Sheila no podía seguir conviviendo cerca de personas que tanto mal le hicieron.
Insistimos, no es solo Sheila; es todo un sector social que está viviendo en condiciones de vulnerabilidad terribles. No es la primera que muere así, ni va a ser la última, lamentablemente.
Pero hay algo que duele tanto como haber encontrado muerta a Sheila por parte de un asesino. Duele que estos casos se sigan repitiendo y duele que hoy se haga tanto ruido por ella pero que mañana pase sin pena ni gloria y se convierta solo en un recuerdo para cada aniversario de la niña.
No alcanza con abrir una calle en un predio que había sido tomado por las familias, no alcanza con el desalojo de las mismas, no alcanza con que el tío de Sheila se declare culpable y confiese, no alcanza con que haya un condenado, tampoco sirve que sigamos siendo indiferentes ante situaciones así. Y menos sirve que se tome al caso con fines políticos para hacer declaraciones que no corresponden y claramente demagógicas.
Acá hay que tomar las cosas en serio. Sheila no tiene que ser una víctima más. Tiene que ser el punto de partida (aunque tardío) para que los problemas sociales profundos y realmente serios sean cobijados por el brazo del Estado, para evitar que sigan creciendo niños en contextos familiares y sociales con malas condiciones de vida. Porque de esta manera se están vulnerando los derechos que tienen los chicos.
Quedará para este tiempo que se condene al verdadero asesino, que se sepa el móvil del crimen y que se dé solución habitacional, educativa y económica a las familias que habían usurpado el predio. Y para el futuro quedará hacer lo mismo con todas aquellas familias que están desfavorecidas y que pueden sufrir situaciones similares a las de Sheila.
¡Pero ojo! El Estado en vez de enojarse porque el dedo acusador lo señala como ausente en estos casos, debería hacer un mea culpa y salir a buscar a esa gente que necesita de una mano, de contención psicológica y de un sueldo digno para tener una mejor calidad de vida.

Otro femicidio y van…

Cada semana cinco mujeres son asesinadas en la Argentina. El dato surge del relevamiento realizado por el Observatorio de Femicidios del Defensor del Pueblo de la Nación y contiene la totalidad de casos relevados de asesinatos a mujeres (niñas, adolescentes y/o adultas) y personas Trans, perpetradas por hombres por razones asociadas con su género, caratuladas como femicidio o por muerte dudosa bajo sospecha de femicidio y, también, incluye los casos de femicidios vinculados.
Las mujeres jóvenes representan casi la mitad de las víctimas: el 18% eran menores de 18 años y el 30,9% tenían entre 19 y 30 años. Otro 29,5% corresponde a víctimas de entre 31 y 50 años y el 20,9% a mujeres mayores de 50 años. Cabe destacar que dentro de las 25 víctimas menores de 18 años, 13 son menores de 11  años.

 

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