La educación de los argentinos en clave de recursos y estructuras de oportunidades

Nuevo documento de investigación del Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina y las facultades de Ciencias Sociales, Psicología y Psicopedagogía y Filosofía y Letras de la...

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Nuevo documento de investigación del Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina y las facultades de Ciencias Sociales, Psicología y Psicopedagogía y Filosofía y Letras de la UCA

Buenos Aires, marzo de 2020. El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) y las facultades de Ciencias Sociales, Psicología y Psicopedagogía y Filosofía y Letras de la UCA presentaron el documento de investigación “La Educación de los argentinos en clave de recursos y estructuras de oportunidades”. El estudio ofrece un diagnóstico de situación de la educación de niños/as, adolescentes y jóvenes del país. Se concentra en tratar de comprender el déficit que hay en la educación argentina analizando la escolarización de la población argentina en relación al resto de los países de la región, la alta proporción de adolescentes y jóvenes que no logran la credencial de la escuela secundaria, el abandono y rezago escolar en los adolescentes, el déficit educativo en la infancia en edad de cursar la escuela primaria y el déficit de estimulación en la primera infancia.

El análisis de referencia considera atributos como las estructuras de oportunidades disponibles, las disparidades sociales que están fuertemente condicionadas por los recursos de los hogares de origen y que se reproducen en el campo educativo, aspectos sociodemográficos de tipo individuales como el sexo y el ciclo vital, la configuración familiar (de tipo monoparental, de núcleo extenso y el tamaño del hogar), el clima educativo del hogar, la incidencia del espacio socio-residencial (villas o espacios socialmente integrados) y las situaciones habitacionales como el hacinamiento, los capitales culturales (tenencia de libros, computadoras y clima educativo del hogar) y el capital social (redes de apoyo social y situación ocupacional de los padres), entre otros aspectos. Se tratarán aquí los atributos más relevantes:

En el caso específico de la relación de la escolarización argentina con la de los países de la región, con respecto a los años de escolaridad de la población que ya ha realizado algún tránsito por el sistema educativo, la Argentina se situó por encima del promedio regional, con 11,2 años de escolaridad promedio frente a una media latinoamericana de 9,5 años. Se observa una mejora en cuanto al máximo nivel educativo alcanzado (personas de 18 a 59 años) durante más de cuatro décadas (1974-2018): mientras que en 1974 casi 8 de cada 10 personas tenían un nivel educativo de secundaria incompleta o menos, en 2018 eran menos: 4 de cada 10. No obstante, el porcentaje de jóvenes que completaron su educación media entre 2000-2004 y 2015-2017, en América Latina pasó de 42,8% a 60,3% (un aumento de 17,5 pp.), diferente a Argentina, en donde apenas se incrementó 5,3 pp. (de 62,7% a 68%).

Evaluando los casos argentinos de niños/as, adolescentes y jóvenes, en cuanto a la variable sexo, se puede establecer que los varones corren con desventaja con respecto a las mujeres en todo ciclo vital: las niñas están mejor posicionadas que los varones con respecto al déficit educativo en la escuela primaria, en la educación secundaria y superior. Esto se mantiene en los distintos estratos socioeconómicos.

El tipo de configuración familiar (monoparental/no monoparental), el tipo de núcleo familiar (extensa/no extensa) y el tamaño del hogar condiciona los trayectos educativos.

La disponibilidad de capital cultural de las familias, también es clave, los niños/as que no cuentan con una biblioteca experimentan un déficit educativo del 52,8%, distinto a quienes si tienen tal recurso: un 39,2% de déficit (brecha de 13,6 p.p.). Continúa este déficit en la adolescencia (41,3% frente a24%), y en la juventud se profundiza 53,1% frente a un 16,1%, respectivamente.

El nivel educativo de los padres y/o adultos del hogar (clima educativo) es indicativo de la posibilidad de acompañamiento que ellos/as tienen sobre las actividades escolares los/as niño/as: mientras que 55,5% de los/as niños/as que vive en hogares de bajo clima educativo tienen déficit, sólo 30,8% de los que vive en hogares de clima educativo medio-alto presenta dicho déficit. Dicho déficit alcanza al 43,3% en los adolescentes y 44,4% en la juventud en hogares con clima educativo bajo.

Los recursos de capital social re­velan un efecto diferencial. Los/as niños/as que viven en hogares en los que se registra déficit de apoyo social estructural no tienen una mayor propensión a experimentar déficit educativo que quienes viven en hogares sin tal déficit (47,3% y 47,2%, respectivamente).

Si se consi­dera la disponibilidad de empleos plenos (como aspecto de recursos económicos del hogar y como insumo que brinda estabilidad y previsibilidad en la familia), se advierte que los niños/as que viven en hogares en los que ningún miembro del hogar dispo­ne de este tipo de empleos están significativa­mente más expuestos al déficit educativo que los niños/as que viven en hogares en los que existe algún empleo de calidad (56,5% frente a 39,2%, respectivamente). Entre los adolescentes que viven en hogares en los que hay déficit de apoyo social estructural, éstos son más propensos a experimentar déficit educativo (39,8% frente a 31,1%). La disponibilidad de empleos ple­nos constituye un recurso valioso frente al déficit (43% frente a 24,7%).

Tomando el caso de los jóvenes y la paternidad/maternidad: el déficit educativo entre quienes son padres en relación con aquellos que no son padres: un 53,4%, frente a un 22,7% (brecha de 30,7 p.p.). Es aún mayor en aquellos jóvenes que provienen de estratos más bajos: 60,4%.

Abordando los aspectos comportamentales y de crianza en niños de nivel primario y adolescentes, se revela que el comportamiento lector de las infancias constituye un factor diferencial sobre la propensión al déficit: mientras 60,7% de los niños/as que no suele leer textos impresos (li­bros, revistas, diarios) tiene déficit, sólo 34,7% de los que tiene dicho hábito lo experimenta.

Examinando algunas características so­ciodemográficas y sociolaborales de la madre que pueden tener relación con el déficit educativo de los niños/as de nivel inicial y primario, se observa que en los niños/as de nivel inicial cuya madre tiene un empleo se encuentran más protegidos frente al déficit educativo y de estimulación que aquellos cuya madre no tiene un trabajo remunerado (7,9% frente a 15,6%). Cabe suponer que aquellos niños/as cuyas madres tienen un trabajo fuera de su hogar a menudo se incorporan más tem­prano a centros educativos o guarderías, lo que se traduce en una reducción del déficit.

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