La biofábrica de la UNAHUR cumplió su primer año

El pasado viernes 16 de agosto se cumplió el primer año de trabajo desde la inauguración del laboratorio de micropropagación in vitro de especies vegetales. Se trata de...

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El pasado viernes 16 de agosto se cumplió el primer año de trabajo desde la inauguración del laboratorio de micropropagación in vitro de especies vegetales. Se trata de la Biofábrica UNAHUR, un laboratorio móvil especializado en biotecnología vegetal.

El mismo se encuentra en funcionamiento desde hace ya varios meses luego de un intenso trabajo de calibración. La puesta a punto de un laboratorio de este tipo lleva un tiempo considerable, requiere de numerosos ajustes y pruebas para que funcione correctamente. Si bien todavía resta efectuar algunas modificaciones sobre el equipamiento para ultimar detalles de funcionamiento, en poco tiempo el laboratorio pondrá a disposición de la comunidad sus primeras plantas.

«La Biofábrica es un equipamiento muy importante para nuestra universidad. La decisión de invertir en él y comprarlo tenía que ver, por un lado, con las áreas de docencia, investigación y extensión que la universidad tiene, que están vinculadas a la biotecnología, a los alimentos, a la gestión ambiental y por otro lado, que ese equipamiento instalara en Hurlingham, en nuestra zona de influencia, tecnología de punta» explica el rector Lic. Jaime Perczyk.

La Biofábrica es un espacio de investigación a cargo de la Lic. Valeria Rudoy y el Dr. Leandro Imanishi, especialistas en micropropagación vegetal e investigadores de la UNAHUR. Allí se pueden producir, en forma segura y limpia, miles de copias de una planta para utilizarlas con fines productivos o ambientales.

Al día de hoy, la Biofábrica cuenta con una gran cantidad de plantines clonados de plantas ornamentales y plantines de yacón. Este último, es un tubérculo de la región andina con propiedades nutritivas y medicinales. “La idea es tener algún cultivo que pueda generar distintos nichos productivos en la zona” explica Rudoy.

El próximo paso consiste en el proceso de aclimatación y rusticación del material vegetal, que tendrá lugar en un invernáculo que estará localizado próximamente junto a la Biofábrica. En él se acondicionarán las plantas provenientes del laboratorio, para su posterior transferencia a productores locales.

Espacio de enseñanza

Por otra parte, el próximo año, comenzarán las prácticas de estudiantes. En ese sentido, Imanishi comentó cómo podría ser el proceso: “La idea sería incorporar estudiantes que puedan hacer su tesis de grado, trabajando en los distintos proyectos que se están haciendo en la Biofábrica o bien en proyectos sugeridos por los estudiantes». Además, dado que el laboratorio fue proyectado no sólo para la investigación sino también para tareas de docencia, se hará uso de las cámaras que cuenta en su interior, lo que permite registrar en tiempo real lo que allí se haga y reproducirlo en simultáneo las aulas.

Nuevos proyectos

Este año se acercaron a la Universidad productores interesados en la clonación de almendras. “La mayoría de las variedades de almendras se importan, por lo que podría ser un proyecto de extensión muy lindo de concretar”, explicó Rudoy. A su vez, destacó que “la Biofábrica despierta interés” en la comunidad pero aún “falta que se cierren todos los puntos necesarios” para poder avanzar en otro tipo de proyectos. La grave situación económica nacional condiciona numerosos focos de trabajo.

También se presentaron tres Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT-O) en la última convocatoria. Todos ellos implican trabajo en la biofábrica y estarán destinados al desarrollo de proyectos de investigación con fines tales como el saneamiento y mejoramiento de especies vegetales de interés regional.

Raíces

La Biofábrica ya funciona y de a poco se pueden ver sus resultados. En breve abrirá sus puertas para que los estudiantes puedan adentrarse de lleno en el mundo de la biotecnología vegetal. Al mismo tiempo, se avanza en la generación de nuevas oportunidades para que los productores de la región exploren nuevos nichos productivos y tengan acceso a una tecnología que anteriormente sólo se encontraba al alcance de unos pocos.

«Creemos que la incorporación de investigadores/as jóvenes, con gran formación y que quieren desarrollar su vida académica en la UNAHUR, fue otro paso importantantísimo. Además, la Biofábrica ha logrado movilizar un espíritu científico, de curiosidad, de estudio, de participación a una gran cantidad de estudiantes. Creemos que ese es el camino que tiene que seguir la Universidad y la Biofábrica fue pionera en el impulso en ir en esa dirección» sintetiza Perczyk.

El trabajo en este laboratorio ya echó raíces, ahora hay que dejarlo crecer.

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